miércoles, 6 de agosto de 2008

Laciana en el Catálogo Monumental de la Provincia de León

El Catálogo Monumental de la Provincia de León fue obra de Manuel Gómez Moreno, redactado entre 1906-1908 bajo los proyectos de la época de conocer la riqueza patrimonial española. Laciana se encuentra representada en él, destacando en algunos aspectos que recogemos a continuación:


Época Primitiva y Romana


[...] En la cuenca alta del Sil, hermoso valle que llaman Laziana, regístranse un "cerro del Castro", por bajo de Villablino, junto al río, sin meseta, pero conservando la señal, en talud, de su cerca y la "Cochada de Losas", a gran altura sobre el pueblo de este nombre, con tradición de haber sido "castillo de moros" y aspecto análogo al del anterior castro (Pág. 6)


[...] Finalmente, remontando el curso de éste río [el Sil] hasta cerca de Laziana, puede verse por encima de Rabanal de Abajo, surcar la empinada ladera otro canal en dirección al sur, que llega hasta "el ocha d'ouro" y allí fórmase un depósito en la cima de un barranco; pero ninguna señal de explotación le acompaña, si bien la arboleda y maleza impiden registrar bien el terreno. Siguiendo por allí hacia la braña de Urria, en el camino de la Antigua, hubo, hasta ha pocos años, letras grabadas en la pizarra del suelo: les llamaban "La Escrita" y desaparecieron al sacar losas para un "teito". No lejos hállase la explotación moderna de cuarzo aurífero de Salientes, donde se registra alguna boca de mina antigua, según dicen. (Pág.96)


Período Románico, Gótico y del Renacimiento


Robles de Laciana (pág. 397)


Iglesia Parroquial: Nave, capillas y ábside, con menos de 5 metros de ancho; sin refuerzos exteriores sus muros de mampostería de pizarra, bóveda de cañón y ventana, como saetera, en la capilla; desvencijada toda por efecto de los empujes; armadura del siglo XVI en la nave y todo liso. Tal es la iglesia de San Juliano, que dicen haber sido monasterio antiguo, refundido en el de Espinareda en el XV.

En la pared del portal, grabado en una pizarra con cierta rudeza léese:


In era CXXVIII pus mil Arianus

Eps sagrabit Obit fmls Di

Fernandus fecit eclia x·ei·se


Mide la piedra 1,03 por 0,28 metros y de alto las letras o,06. Su sentido está claro, en cuanto refiere la consagración por el obispo de Oviedo, Arias, en 1090 y el epitafio de un Fernando que erigió la Iglesia. El final no lo entiendo, ni creo que indique el día del óbito. El concilio de 1115 nombra territorio Platiano a éste que hoy llaman Laciana.


Pequeñas imágenes de Santa Catalina y San Blas, rudas correspondientes al siglo XIV,, como hay muchas.




Villaseca de Laciana (pág. 398)


[Epigrafía de su Iglesia PArroquial] Es moderna y ruín, pero conserva también dos pizarras escritas, en su portal, con tipo de letra exactamente igual a la anterior y dicen:


In era CXXX pus ml Aria[n]

Us eps sacrabt Ptus scrib[sit]


Petrus fasa

Exta donis fci


En la primera es anómalo escribir P(e)t(r)us. Corresponde al año 1092.

En la segunda no entiendo ni está del todo clara la segunda palabra. Ecta es nombre personal conocido y sigue "Donis feci".

En la Iglesia de Santibáñez, término de Cacabillo, bajo el puerdo de Somiedo, me han dicho que hay otra inscripción análoga.

Tienen ánside y aleros románicos, muy sencillos, las iglesias cercanas de Rioscuro y Quintanilla de Babia, éste rudísimo.



Piedrafita y Villablino (Pág. 484)


El uno es un lugar de las Babias, protegido por una gran torre cuadrada y nueva y con hendiduras por un lado. La torre de Villablino era de los Quiñones en 1442; ya no existe si no es su recuerdo en la capital de Laciana, Flacciana llamada en el siglo X y territorio Platiano en el XII."


Este texto es otro de los elementos básicos en el estudio patrimonial de Laciana. En los próximos días comentaremos algunas cosillas al respecto.

Castros en los Valles de Leyenda



La obra de Florentino Agustín Díez, "Valles de Leyenda", recoge algunos relatos acerca del pasado de Laciana que merecen ser recordados. Uno de sus relatos recoge la presencia de castros en el territorio lacianiego, narrados como sigue:





"[...]En Laciana hubo un Castro-rey, la Zamora, y allí se alza su asiento preeminente. De la Zamora, partía, tajado en la dura roca, el legendario camino astur de la Serrantina. La tradición cuenta que aquello de la Zamora fue un castillo y había un túnel tapiado por el que sus antiguos moradores salían a surtirse de agua en el río. En efecto, desde el castro hasta el río que pasa muy hondo lamiendo la base del cerro, bajaba un conducto, un canalito oculto, bien construido en piedra, que se descubre intacto en alguna de sus partes; un carril sterrado por donde lo smoradores del castro deslizaban sus vasijas, sujetas a sus cuerdas, para alcanzar y subir el agua que necesitaban. El Castro-rey de la Zamora que no tiene nada que ver con la general leyenda mora de las creencias vulgares, aunque enterradas sus ruinas y fundamentos, desde la acrópolis hasta los talides, muros y fosos de defensa, y los habitáculos de sus gentes, permanece intacto, esperando la inteligente mano exploradora que ponga de manifiesto toda su importancia. Mirando hacia los barrios de Sosas, de cara al Noroeste, están las ruinas del caserío, las chozas circulares, testigos mudos pero elocuentes de lo que allí registró la empinada y difícil existencia de los remotos antepasados. Cuando un día las gentes de la Zamora se vieron forzadas a descender del culmen milenario, sembraron el valle de mínimos poblados, que después y ahora son aldeas y villas florecientes.


Abajo, en morros que avanzan sobre el río, están los tesos y sultesos y está el Castro de las Muelas, o como allí se dice, las Muelas del Castro. Un poblado mínimo, amurallado por las laderas que dan al viejo camino y al arroyo de las Galianas, en las faldas bajas del Cueto Nidio. Por arriba, el castrillón con su cabeza gruesa y ovalada y su largo espigón, todo ello construido de lajas de piedra bien arremetidas y compuestas, que era una defensa artificial del castro sobre el vado por donde usbía el camino que desde Rioscuro venía. Al lado del castrillón, los hornos, aún vivos en los troncos de roble calcinados y no lejos, las chozas redondas y los molinos de mano - las muelas- donde las gentes del castro molían la bellota para calbar el hambre voraz; fíbulas y cerámicas con ímbrices y ganchos y agujas de hierro.


Más castros en la comarca. No olvidemos el de Villaseca, cuyas peñas resquebrajadas por el aquel de las minas, tuvieron que ser amarradas con fortísimos cinchos de hierro para evitar que el castro, con todo su mito, se derrumbara sobre una parte del pueblo.


Por el lado de los Rabanales quedan el Castro Nuevo y el Castro Viejo; el primero, partido graciosamente en dos por una hondonada que llaman el Cavén y allí una ermita a la Virgen de Guadalupe. Muy cerca, en Llamas, las Coronas de Tardepanes,... En Caboalles de Abajo, la Cruz del Castro y más arriba los Prados del Castro, cerca de la braña de Valdepita. Y todavía otros, muy atrincherados, por las cercanías del Puerto de Leitariegos [...]"



"[...] en este juego dramático de las ambiciones romanas del oro, estuvo muy presente Laciana, su población astur, con su sangre esclavizada, aunque sin sofocar jamás el odio al invasor, conocedora de los venero áureos y su elemental extracción, que los romanos no despreciarían en absoluto. Recordemos os testimonios de las grandes excavaciones o médulas de la braña de Rabanal de Abajo, sin olvidar tampoco algún topónimo expresivo, como su Campo de la Escrita, losa punzada de textos mineros que existe, según noticia de Juan Uría y que es preciso reencontrar. También el término Aguadurria o arroyo de Urria que arrastraba escombros de la citada médula lacianiega. También, finalmente, la layenda dorada del río Sil, el de las pepitas de oro... de aquella denominación romana restan otros elocuentes testimonios, como el ara de San Miguel de Laciana, dedicada a un dios indígena, Craro deidad astur, romanizada en el latín de su leyenda votiva.
[...] La Serrantina sería entonces vía astur, vía de astures entre castros y castriechos, alzada y extendida sobre las cordilleras, libre y desembarazada de toda opresión externa[...]"


Este texto recoge lo que muchos lacianiegos conocen, la existencia de una gran cantidad de castros en Laciana. Sin embargo, la esperanza depositada por el autor en que fuesen objeto de estudio aún no han sido posibles. El abandono insitucional y cultural al que están sometidos los castros (y con ellos la gran cantidad de yacimientos arqueológicos y monumentos patrimoniales de Laciana) es lamentable. Es seguro que muchos yacimientos han sido ya destruidos o desmantelados, tanto por la minería a cielo abierto como por el "robo" de piedras por parte de algunas personas para "construir" cerraos en los praos. La presencia de nuestros ancestros en el Valle, que se manifiesta en los restos de sus poblados, sus aras votivas, sarcófagos, inscripciones, minas, etc. merecería una mayor atención por nuestra parte. Esperemos que el futuro permita la investigación de nuestros antepasados y la puesta en valor de estos yacimientos, para que los lacianiegos y los no lacianiegos podamos disfrutar del conocimiento de nuestro patrimonio.